Es un error educar a los niños en la dureza y la competitividad

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Poco a poco vemos como las niñas van asumiendo nuevos roles y ya no quieren seguir asumiendo ese papel de “princesita”, sin embargo, muchos niños continúan con el corsé de que tienen que ser fuertes, gustarle los coches o que tiene que ser futbolista en el futuro. Este modelo de masculinidad no es positivo, puesto que se les desanima o ridiculiza cuando emprenden papeles tradicionalmente asignados a las mujeres.

Es un error educar a los niños en la dureza y la competitividad

Un reciente artículo del New York Times comenta que las niñas cuentan cada vez con más opciones para elegir y ya nadie discute que una muchacha pueda jugar al fútbol, ser astronauta y exploradora o practicar surf y caída libre, a diferencia de los niños, cuyas experiencias están muy limitadas. Cuando llegan al mundo laboral, esos niños ya adultos tienen más dificultades para adaptarse a unas empresas que demandan en mayor medida habilidades como la empatía, la intuición o la inteligencia emocional.

Este es una de las conclusiones de la escritora feminista Gloria Steinem: “Estoy contenta de que hayamos comenzado a criar a nuestras hijas más como a nuestros hijos, pero no funcionará hasta que criemos a nuestros hijos más como a nuestras hijas”. Aquí está la clave: los estereotipos de género son igual de perjudiciales para ellos que para ellas, según han demostrado varios estudios.

“Ahora mismo es más urgente trabajar con los niños que con las niñas. Se está produciendo un desequilibrio porque las mujeres hemos cambiado mucho, pero los hombres lo han hecho muy poco. Los críos siguen siendo educados en la dureza y se les reprime la ternura y la capacidad de emocionarse. Todo esto tiene repercusiones graves en sus vidas. Por eso, hay que abandonar el estereotipo del héroe y abrirse al del ser humano“, argumenta Marina Subirats, catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Un ejemplo claro se comprueba a diario en los patios de los colegios, la mayoría convertidos en pistas de cemento donde la naturaleza ha sido desterrada. El fútbol campa a sus anchas ocupando todo el espacio. El que no juega al balón es marginado en el grupo y aquellas niñas que prefieren actividades más tranquilas también quedan relegadas a un segundo plano.

¿A qué se debe esta dificultad de los chicos para adoptar roles femeninos?

Para la doctora Ana Valero, especialista en temas de género, este fenómeno es algo natural porque la idea predominante es que son las mujeres quienes tienen que evolucionar para cosechar la igualdad. Ellos no deben cambiar nada porque ya se encuentran dentro del género privilegiado asociado al poder y al éxito. Por ejemplo, aunque los muchachos saquen peores notas, luego adquieren un empleo de manera más rápida y mejor remunerado.

Se les inyecta la competitividad

Esta situación limita a los pequeños que no pueden desarrollar su parte afectiva y empática. Las consultas de los terapeutas se van llenando de chiquillos más sensibles a los que no les gusta el fútbol y que no encajan en el patrón dominante.

Cuando alcanzan la adolescencia, muchos de ellos no entienden ni saben manejar sus emociones porque se han visto obligados a reprimirlas. Como son machos se les impide cualquier relación de afecto entre sus compañeros y, en cambio, se les inyectan unas buenas dosis de competitividad y agresividad.

Las consecuencias de este modelo se ven incluso reflejadas en las tasas de mortalidad. El porcentaje de jóvenes que fallece es mucho mayor en el caso de los varones que en el de las féminas. La inmensa mayoría de estas defunciones no se debe a enfermedades sino a suicidios, accidentes de tráfico, sobredosis de drogas o deportes intrépidos.

“El 76% de los jóvenes de 20 años que murió en 2013 era del sexo masculino. Muchos de estos decesos se deben a riesgos inútiles para demostrar que no se tiene miedo a nada. Con la crisis han aumentado bastante los suicidios, porque los hombres no pueden soportar la angustia de no ser los triunfadores”, declara Marina Subirats.

El caso sueco

En Suecia, es algo que tienen asumido a lo largo de los años. Desde 2011, este país, uno de los más avanzados en materia de educación, ha empezado a implantar guarderías de género neutro. En estas escuelas, los juguetes nunca están divididos por sexo: las muñecas y los cochecitos de bebé se mezclan libremente con los bloques de madera y los camiones. Los robots llevan tutús y quien lava los platos no es una Barbie, sino un esqueleto. Los profesores están entrenados para no distinguir entre chicos y chicas y a los alumnos se les trata con el pronombre neutro hen.

La receta sueca

Según relata Lotta Rajalin, impulsora de este proyecto, en estos centros se anima a los estudiantes a realizar todo tipo de actividades y a explorar su rango de emociones. Ni ellas tienen que reprimir su ira ni ellos deben tragarse las lágrimas.

“Nosotros no ponemos etiquetas en nuestras escuelas. No decimos: ‘Frida es tan guapa, tan mona y tan servicial’ y ‘Mohamed es tan salvaje y duro’“, añade.

A veces, estos comentarios se hacen de manera inconsciente, pero acaban condicionando a las criaturas. “Los menores quieren ser lo que los adultos esperamos que sean. Si les clasificamos no les estamos dejando escoger entre todas las posibilidades que la vida les ofrece”, sostiene Rajalin.

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Uppsala en Suecia, los niños que asisten a una guardería neutra son menos permeables a los estereotipos y tienen más probabilidades de éxito en el futuro.

Así que olvídate de los prejuicios y criemos a nuestros niños en igualdad.

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Muchas personas se preguntan cuál es la importancia de enseñar y concienciar a los niños a vivir en la igualdad de género. Pues muy fácil, es vital para nuestros hijos de cara a las sociedades futuras, una verdadera inversión para el día del mañana.

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